Streaming de video para ver lo que podemos, no lo que queremos

La venta de películas en formato físico legal tiene los días contados. Netflix no solo acabó directamente con Blockbuster, sino que, de forma indirecta, también terminó con la costumbre de comprar películas en disco para verlas en la comodidad de la casa. 

El gran cambio que supuso poder disfrutar de todo el cine sin salir de casa por un precio similar al de un par de rentas al mes se consolidó, pero se fragmentó en decenas de plataformas cuyos precios no se dejan de incrementar. El resultado es que ahora la gente paga mensualmente por suscripción, en gran medida porque ya no puede comprar los estrenos del cine en DVD o Blu-ray como antes.

El novedoso concepto acabó con el formato físico a pesar de que lo “digital” no estaba peleado con el mismo. De hecho, se vendían paquetes de películas con copia digital incluida por un costo extra, que por cierto, para su descarga, se ofrecía un disco y no un código. La situación se tornó más compleja cuando casi todas las casas productoras hicieron maletas, dejaron la gran N ROJA y se fueron a probar suerte fragmentando el mercado.

Bien podrían existir dos formatos después de que las películas pasarán su período en las salas de cine. El streaming para los que gozan de rentar y la venta para los que les gusta tener su contenido para siempre, al menos de forma limitada y sujeta a demanda de preventa. Pero no, la urgencia es llenar con contenidos los diferentes canales de streaming y dejar que la piratería haga lo suyo.

Hoy lo único que se puede hacer de forma legal para tener acceso a las presentes y futuras películas es pagar por streaming o comprar licencias sin garantía de propiedad y disponibilidad a largo plazo. Eso sí, pagamos streaming para ver lo que nos ofrecen, no para ver lo que realmente queremos, debido a cuestiones de disponibilidad por región o por temas legales de derechos de autor. En ese contexto se dio la declaración de Christopher Nolan al Washington Post a finales de 2023, “Existe un peligro de que las cosas que existen solo en streaming puedan ser retiradas, vienen y van”.

Lo que en un principio era la oportunidad de verlo todo por un pago bajo se han convertido en la necesidad de contratar varios canales de streaming para aumentar las posibilidades de ver lo que de verdad te interesa. Afortunadamente el cine como tal todavía está vivo. Muchas producciones llegan a las salas para verlos como antes en compañía y con unas palomitas.

La defensa desde una trinchera.
En México existen negocios en que todavía se ofrece catálogo de películas clásicas. Ejemplo de ello es el local “El Buen Cine” en Tacuba 20, en el Centro Histórico de la capital. O “Discos Morales” en el CETRAM del Metro Rosario. Van esos negocios contra el tiempo en una forma de resistencia a la que los verdaderos amantes del cine acuden para buscar su “joya de la corona”.

El éxito de esos negocios no será para siempre. La mercancía se agota y los nuevos estrenos si bien se pueden conseguir a otros países, tienen precios hasta 20 veces más altos. Incluso dueños de algunos negocios confirman que discos de importación para nosotros fueron fabricados en México.

La tecnología hizo que se pudieran ver DVD, Blu-ray, archivos de video MP4 y streaming en un solo aparato. Pero los intereses particulares de la industria de cine se vieron afectados.

Siempre será mejor ver un Blu-Ray, con estabilidad y sin caídas de cuadros por segundo. Con una calidad de sonido superior y sin pagar costos extras a ninguna compañía de streaming o de internet, además cuando tienes tus propios discos le quitas poder a las corporaciones ante una realidad que grita. “Lo que antes era barato, el streaming, ahora es un lujo”.

Leer también: Industria legal del cine regresa a la piratería su lucrativo trono* y Amenaza streaming de video al cine o el artículo de hace una década que vaticinaba el fin de películas y videojuegos en formato físico: Peligra industria discográfica; cancelarían producción de películas, música y videojuegos en disco.

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