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Una recomendación antes de tu lectura...

Adrenalina y videojuegos de terror, una inagotable fuente de placer físico y mental...

Estás solo en tu habitación en una noche de sábado. Ya viste todo lo que hay en el cine, terminaste de leer las novelas de Halo y tu novia está de viaje con su familia. Resignado, abres una botanita, calas los hoyitos que tu cuerpo ha marcado en tu sillón, te sientas y prendes el Xbox. Será una larga noche, solo tus juegos y tú. De pronto, escuchas ruidos en tu puerta. “Debe ser un peatón borracho”, piensas. Sigues jugando. Solo se escucha el sonido de tu consola, la TV, tu respiración y los botones de tu control. La partida avanza, tu corazón se acelera y un estruendo en el baño te hace brincar como si tuvieras un resorte en el asiento. Era el gato que tiró un plato. Regresas a jugar. Otra vez silencio. El viento entra por la ventana. Solo se escucha tu respiración. El Xbox, los botones… no hay algo más. Alguien más respira. Sientes como se hace cada vez más fuerte la respiración, llegando hasta tu cuello. Sudas, quieres voltear, pero el miedo te paraliza. El ser levanta su cuchillo...

La Segunda Guerra Mundial motivó la creación de la primera computadora.

La velocidad vertiginosa con que la computación ha ido apoderándose de nuestras vidas, es consecuencia de las múltiples actividades que se pueden realizar con ella. Desde escribir una carta, llevar la contabilidad de un negocio, jugar y diseñar un automóvil, hasta tener el control de un barco, hospital o laboratorios científicos como en las películas de ciencia ficción, son sólo ejemplos a escala de 0.1% de todo lo que se puede lograr con una buena combinación de elementos tecnológicos.

Por otro lado, no debe resultar sorprendente que tiempos de guerra como los que se viven en Irak, fueran el detonador de los primeros logros en el diseño de computadoras.

Fue en los años cuarenta cuando los esfuerzos realizados por la ciencia se vieron puestos a prueba. La Segunda Guerra Mundial detonó la construcción de las predecesoras inmediatas de los actuales sistemas de cómputo; empezaban los primeros pasos de lo que sería, en los ochenta, la era de la inteligencia artificial. Era de esperarse que un conflicto armado de esa naturaleza demandara sofisticados desarrollos informáticos, lo cual desató la necesidad de controlar la mayor cantidad de datos posibles y lograr la automatización de procesos complejos.

Fue por eso que en Bletchley Park Inglaterra, se puso en funcionamiento el Colossus I, computadora que se utilizó a partir de diciembre de 1943 para realizar análisis criptográficos y, de esa forma, automatizar los cálculos para entender los mensajes militares alemanes emitidos por una máquina llamada Enigma.

La tarea de Colossus I era comparar diversos modelos para descubrir cuál era el utilizado y descifrar las letras, mediante un cálculo de probabilidades basado en la frecuencia de uso normal de la lengua utilizada. Así es como en la década de los cuarenta significó la preparación de la inmediata generación de computadoras. Los lugares en que se empleaban por lo regular eran hospitales, escuelas, áreas de investigación y recintos militares.

Actualmente, las computadoras se encuentran muy desarrolladas, para eso tuvieron que pasar por cinco generaciones. La primera fue la del tubo de vacío, que abarcó de 1951 a 1958; eran máquinas de descomunales proporciones, no utilizaban microprocesadores sino tubos de vacío, por lo que consumían grandes cantidades de energía eléctrica. El voltaje de los tubos era de 300 voltios, lo cual interrumpía las labores al fundirse constantemente.

La segunda generación fue la del transistor, de 1959 a 1964; estas computadoras elevaron su precio muy por arriba de lo permisible, técnicos tuvieron que perfeccionar los transistores, materia prima principal en sustitución de los tubos de vacío. La disminución del tamaño de las máquinas fue considerable así como su consumo eléctrico. Otras características favorables fueron el aumento de fiabilidad, una mayor rapidez, más memoria, la aparición de discos para almacenaje y lenguajes de programación más potentes.

Cuando se idearon los circuitos integrados, capaces de reunir en un solo soporte a todo un grupo de componentes, comenzó la tercera generación, la cual abarcó de 1965 a 1970. Es aquí cuando inicia la miniaturización de los componentes. Las características principales eran las siguientes: mucho menor consumo eléctrico que las computadoras de la segunda generación, la posibilidad de instalar terminales remotas que tienen acceso a una máquina central, desarrollaban para entonces el trabajo compartido, la multiprogramación y la generación de lenguajes de alto nivel.

La cuarta generación abarca de 1971 a 1981 y dos son sus rasgos fundamentales; la introducción de los microprocesadores que hasta la fecha no se dejan de perfeccionar y una sorprendente miniaturización, cabe destacar en este punto que en un centímetro cuadrado de silicio se implantaba el equivalente a un millón de tubos de vacío y la capacidad de las computadoras y su reducción del costo las comenzaba a colocar en el mercado al público. Las características de esta generación nacida en los años setenta son: La microminiaturización de componentes, la creación de memorias electrónicas, sistemas de tratamiento de bases y la actual generalización de las actividades que se pueden realizar con ellas.

El elemento esencial que permitió la revolución de las características físicas y lógicas de las computadoras es el microprocesador, que consiste en un circuito integrado que reúne en una capa de silicio las principales funciones de la máquina, y va insertado en una estructura que facilita las conexiones con los restantes elementos del sistema. El microprocesador fue desarrollado en 1971 por la empresa Intel Corporation, a petición de un empresario japonés que había previsto las ventajas que su invención traería al mundo de las computadoras.

La quinta generación perteneciente a la inteligencia artificial comenzó a partir de 1982 y la fecha de conclusión puede ser infinita, aquí entra en funciones la robótica y la pregunta que probablemente algún día se conteste con un sí. ¿Se puede introducir artificialmente la inteligencia humana?

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