Ir al contenido principal

Una recomendación antes de tu lectura...

Adrenalina y videojuegos de terror, una inagotable fuente de placer físico y mental...

Estás solo en tu habitación en una noche de sábado. Ya viste todo lo que hay en el cine, terminaste de leer las novelas de Halo y tu novia está de viaje con su familia. Resignado, abres una botanita, calas los hoyitos que tu cuerpo ha marcado en tu sillón, te sientas y prendes el Xbox. Será una larga noche, solo tus juegos y tú. De pronto, escuchas ruidos en tu puerta. “Debe ser un peatón borracho”, piensas. Sigues jugando. Solo se escucha el sonido de tu consola, la TV, tu respiración y los botones de tu control. La partida avanza, tu corazón se acelera y un estruendo en el baño te hace brincar como si tuvieras un resorte en el asiento. Era el gato que tiró un plato. Regresas a jugar. Otra vez silencio. El viento entra por la ventana. Solo se escucha tu respiración. El Xbox, los botones… no hay algo más. Alguien más respira. Sientes como se hace cada vez más fuerte la respiración, llegando hasta tu cuello. Sudas, quieres voltear, pero el miedo te paraliza. El ser levanta su cuchillo...

Hongos producen luz en Australia y Norteamérica.

Misterio y leyenda envuelven a una de las familias de seres vivos más antiguas de todo el planeta, los hongos. Creencias religiosas e historias de ciencia-ficción y brujería giran alrededor de estos organismos que, por sus características, no se pueden considerar como flora o fauna. En primera instancia, porque carecen de clorofila, a diferencia de las plantas, y en segunda porque no tienen movimiento aparente como los animales.

Tales son sus peculiaridades en forma, color y efectos alucinógenos que hay quienes dicen que provienen de otros planetas o son producto de hadas o rituales sobrenaturales, pues algunos son capaces de generar luz suficiente como para leer ocupando varios de ellos. Este es el caso de especies endémicas de Australia y Norteamérica que tienen intensa luz de color verde que utilizan para atraer a insectos y diseminar sus esporas.

Tal es su potencia luminiscente, que incluso son utilizados por soldados para guiarse en incursiones nocturnas. Suelen ser fenómenos de extraordinaria belleza pues no sólo brillan ellos mismos, sino también la base sobre la cual se desarrollan. Cabe destacar al respecto que a diferencia de las plantas, se reproducen sobre extensas capas circulares denominadas micelios, que se forman a unos centímetros bajo la tierra.
La comunidad científica clasifica a estos seres como saprofitos, familia de organismos que carecen de medios para abastecerse de alimentos por sí mismos. Tienen un aparato vegetativo desprovisto de una raíz, tallo y hojas, razón por la cual no pueden generar sus propios nutrientes. Es por eso que los hongos son simbióticos al requerir sustancias de otros seres vivos o muertos para subsistir, para ello actúan como parásitos.

Según investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México las plantas y no el hombre son las que peligran básicamente con los hongos, pues se calcula que un 80 por ciento de las enfermedades que padecen los vegetales son causados por esos organismos, mientras que sólo el 10 por ciento de las que sufren los seres humanos provienen de ellos.

Comentarios

Publicar un comentario