Bacteria de hace 5000 mil años resiste a 10 antibióticos modernos

La película “The Thing” (1982), del aclamado John Carpenter, narra los eventos posteriores a que un organismo extraterrestre unicelular extremadamente avanzado se libera del hielo antártico tras 100 mil años congelado. Este ser parasita a humanos y animales, controlándolos por completo, y funciona como una combinación terrorífica de virus, bacteria, ameba e inteligencia colectiva. Es magia pura del cine de terror: conocimiento científico que desata el caos y la paranoia más absoluta en un trabajo de ficción.

Las historias que se anclan a la realidad tienen mucho éxito y la de “The Thing” hace referencia de alguna manera a bacterias u organismos que pueden estar bajo el hielo en una situación de calentamiento global. En ese contexto un equipo de investigadores de la Academia Rumana ha logrado ‘despertar’ y analizar una cepa bacteriana que permaneció oculta durante cinco milenios en la cueva de hielo de Scărișoara, en Rumanía. Los resultados fueron publicados en la revista Frontiers in Microbiology, y si bien no representan una amenaza biológica directa, sí nos ponen a pensar sobre la efectividad de los antibióticos modernos.

La cepa denominada Psychrobacter SC65A.3, encontrada en un núcleo de hielo de la cueva Scărișoara tiene unos 5 mil años de antigüedad y sorprendentemente resiste a diez antibióticos modernos. Aislada a partir de un testigo de hielo de 25 metros de profundidad extraído de la zona conocida como la Gran Sala de la cueva representa una línea temporal de 13 000 años de historia ambiental. Tras secuenciar su genoma, los científicos descubrieron que la bacteria posee más de 100 genes relacionados con la resistencia.

La cepa SC65A.3 puede neutralizar fármacos como rifampicina (usada contra la tuberculosis), vancomicina o ciprofloxacino. Y es la primera del género Psychrobacter que muestra resistencia a trimetoprim, clindamicina y metronidazol. Lo más inquietante es que esta resistencia no surgió por nuestro uso de antibióticos. Evolucionó de forma natural mucho antes de que Alexander Fleming descubriera la penicilina en 1928, la aislara y se produjera a escala industrial. Esto demuestra que la naturaleza ya había desarrollado sus propias defensas contra compuestos antimicrobianos similares, y que los genes de resistencia existían como parte de la evolución bacteriana mucho antes de la era moderna. Seguramente desde hace 5 mil años ya habían sido atacados por el moho del género Penicillium.

La investigadora Cristina Purcarea advierte que los microbios actúan como reservorios de genes que podrían saltar a bacterias modernas si se liberan. Tal declaración sumada a precedentes reales como el de 2016, en Siberia, en el que el deshielo liberó esporas de ántrax que mataron a un niño y enfermaron a decenas de personas, no permiten descartar una futura amenaza directa o el fortalecimiento de bacterias que ponen en riesgo la vida humana.

Pero no todo es un panorama terrible. El descubrimiento del Psychrobacter SC65A.3 y su resistencia a los antibióticos también tiene un lado positivo. Su genoma guarda casi 600 genes de función desconocida y once que producen compuestos capaces de inhibir el crecimiento de otros patógenos, hongos y hasta virus. Lo anterior podría servir para crear nuevos antibióticos o enzimas útiles para la biotecnología. Es una espada de doble filo: riesgo y oportunidad al mismo tiempo.

Claro que un riesgo directo para la humanidad no es inminente. La mayoría de estos microbios antiguos están adaptados al frío extremo y no sobreviven fácilmente en nuestro cuerpo a 37 grados. Además, nuestra higiene, vacunas y sistemas de salud limitan los impactos. Sin embargo, no se descarta una amenaza futura. Con más deshielo, mayor liberación de patógenos y genes resistentes, podría haber brotes locales, disrupciones ecológicas o un agravamiento de infecciones que ya nos cuestan millones de vidas al año por resistencia antibiótica.

Los expertos piden más vigilancia, bioseguridad estricta en laboratorios y, sobre todo, frenar el calentamiento global. Porque si seguimos así, abrimos una caja de Pandora microbiana sin saber exactamente qué saldrá. Este hallazgo nos recuerda que el planeta tiene memoria. Y que, mientras celebramos avances médicos, la naturaleza guarda cartas que no siempre jugamos a nuestro favor. ¿Preparados para lo que venga del hielo?

En concreto, los científicos probaron la bacteria frente a 28 antibióticos de uso clínico habitual. De ellos, SC65A.3 resistió a 10, pertenecientes a ocho clases diferentes. Esto incluye medicamentos clave para tratar infecciones graves como colitis, infecciones urinarias o tuberculosis. Además, el genoma reveló más de 100 genes de resistencia, incluyendo algunos que expulsan metales pesados y otros que ayudan a sobrevivir en condiciones extremas de frío y calor. Todo esto en un microorganismo que lleva congelado desde hace 5.000 años, en un hielo que registra hasta 13 mil años de historia ambiental.

Al final, el estudio deja una lección clara pero doble: por un lado, si el deshielo libera estos “reservorios” genéticos, podrían propagarse a bacterias actuales y empeorar la crisis mundial de resistencia antibiótica. Por otro lado, esa misma bacteria inhibe el crecimiento de varios patógenos superresistentes (del grupo ESKAPE, como Staphylococcus aureus resistente a meticilina o Pseudomonas aeruginosa). Cristina Purcarea y su equipo de investigadores insisten en que necesitamos estudiar estos genomas antiguos con bioseguridad máxima, porque entenderlos puede salvar vidas… o complicárnoslas si no actuamos a tiempo.

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