Una de las problemáticas sociales que ganan terreno día con día es la adicción a las redes sociales. De forma veloz se transforma en un problema de salud mental en detrimento de las relaciones personales. El uso sin control de herramientas digitales lleva a la necesidad de buscar ayuda profesional de psicólogos o psiquiatras, de acuerdo a declaraciones de Jennifer Lira Mandujano, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala.
Una conexión excesiva en redes sociales se ha convertido en una adicción conductual, con indicadores similares a los del consumo de sustancias adictivas como el alcohol, el tabaco e incluso algunas drogas fuertes. Personas en su mayoría jóvenes ingresan a las plataformas digitales y se enganchan dirigiendo a ellas prácticamente toda su atención y tiempo.
Jennifer Lira Mandujano, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, destaca que para esta adicción a la tecnología se identifican ciertos factores de riesgo que inciden directamente en el comportamiento social en detrimento de sus círculos más cercanos, como la familia, los amigos o las relaciones de pareja.
“Aun sabiendo que todos tenemos muchas cosas que hacer en el trabajo, la escuela o el hogar, vamos aplazando este tipo de actividades para estar más tiempo conectados a las redes sociales en las que, además, se han desarrollado una serie de algoritmos informáticos que no sólo invaden nuestra privacidad, sino que además identifican nuestros gustos, intereses y necesidades de información, para atraparnos y mantenernos más tiempo en las redes y no podamos desconectarnos tan fácil”.
Existen indicadores muy específicos que permiten identificar en qué momento, una persona pudiera tener afectaciones mentales o conductuales a consecuencia de permanecer conectados por tiempos prolongados en las redes sociales:
Satisfacción con mayor tiempo de conexión: Las personas sienten la necesidad de estar cada vez más tiempo en sus dispositivos para sentir la misma satisfacción que un principio experimentaron al acercarse a las nuevas herramientas digitales en internet que generaron entusiasmo, optimismo y alegría.
Síntomas negativos de abstinencia: Se presenta cuando las personas dejan de tener acceso al internet ya sea porque no hay señal o porque sus dispositivos se quedan sin batería y comienzan a sentirse mal física y emocionalmente. Comienzan a experimentar síntomas como irritabilidad, ansiedad y temblores o dolor de cabeza.
Recaída: Cuando las personas por voluntad propia establecen mecanismos de autocontrol en el uso de las redes sociales con horarios o tiempos específicos para permanecer en una red, pero no aguantan mucho tiempo estar desconectados y vuelven a acceder a ellas.
Conflicto: Las personas con síntomas de adicción comienzan a enfrentar problemas serios de comunicación en su familia o círculo social; descuidan actividades esenciales como sus tareas escolares, labores domésticas o trabajo; están permanentemente distraídos y no responden cuando se les habla o incluso cuando están comiendo están checando todo el tiempo sus dispositivos móviles.
Cambio de estado de ánimo: A medida que las personas permanecen activas en sus redes sociales, sus estados de ánimo suelen cambiar significativamente pueden experimentar satisfacción, alegría, emoción o entusiasmo, al poder seguir todo tipo de publicaciones, pero también les genera frustración, enojo o incluso desesperación y ansiedad al no obtener los resultados o datos deseados
Entre los factores de riesgo generados por la adicción a las redes sociales destacan: baja autoestima, disminución de las habilidades sociales y una tendencia al aislamiento y a la soledad, debido a la reproducción de una serie de estereotipos sobre estilos de vida.
Tecnoestrés producto de las redes sociales.
El contacto permanente con redes sociales puede provocar tecnoestrés que es el estrés psicológico negativo que surge de la sobrecarga informativa, la hiperconectividad constante, el FOMO (miedo a perderse algo), las notificaciones incesantes y los algoritmos que atrapan la atención.
Una manifestación particularmente preocupante es la cibercondría (o hipocondría digital), donde el uso compulsivo de redes sociales y búsquedas en internet lleva a creer firmemente que se padecen enfermedades graves o trastornos mentales que en realidad no existen (o son mucho más leves). Videos virales, reels y posts sobre síntomas de ansiedad, TDAH, depresión, autismo o burnout "describen exactamente lo que siento", activan un bucle de confirmación sesgada reforzado por algoritmos, lo que amplifica la ansiedad por salud, genera miedo constante y puede derivar en consultas médicas innecesarias o evitación de ayuda profesional.
El incremento de apps agravan el problema. Conforme la modernidad avanza las diferentes plataformas, incluso las de nueva creación alcanzan el millón de seguidores de forma más rápida.
Una conexión excesiva en redes sociales se ha convertido en una adicción conductual, con indicadores similares a los del consumo de sustancias adictivas como el alcohol, el tabaco e incluso algunas drogas fuertes. Personas en su mayoría jóvenes ingresan a las plataformas digitales y se enganchan dirigiendo a ellas prácticamente toda su atención y tiempo.
Jennifer Lira Mandujano, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, destaca que para esta adicción a la tecnología se identifican ciertos factores de riesgo que inciden directamente en el comportamiento social en detrimento de sus círculos más cercanos, como la familia, los amigos o las relaciones de pareja.
“Aun sabiendo que todos tenemos muchas cosas que hacer en el trabajo, la escuela o el hogar, vamos aplazando este tipo de actividades para estar más tiempo conectados a las redes sociales en las que, además, se han desarrollado una serie de algoritmos informáticos que no sólo invaden nuestra privacidad, sino que además identifican nuestros gustos, intereses y necesidades de información, para atraparnos y mantenernos más tiempo en las redes y no podamos desconectarnos tan fácil”.
Existen indicadores muy específicos que permiten identificar en qué momento, una persona pudiera tener afectaciones mentales o conductuales a consecuencia de permanecer conectados por tiempos prolongados en las redes sociales:
Satisfacción con mayor tiempo de conexión: Las personas sienten la necesidad de estar cada vez más tiempo en sus dispositivos para sentir la misma satisfacción que un principio experimentaron al acercarse a las nuevas herramientas digitales en internet que generaron entusiasmo, optimismo y alegría.
Síntomas negativos de abstinencia: Se presenta cuando las personas dejan de tener acceso al internet ya sea porque no hay señal o porque sus dispositivos se quedan sin batería y comienzan a sentirse mal física y emocionalmente. Comienzan a experimentar síntomas como irritabilidad, ansiedad y temblores o dolor de cabeza.
Recaída: Cuando las personas por voluntad propia establecen mecanismos de autocontrol en el uso de las redes sociales con horarios o tiempos específicos para permanecer en una red, pero no aguantan mucho tiempo estar desconectados y vuelven a acceder a ellas.
Conflicto: Las personas con síntomas de adicción comienzan a enfrentar problemas serios de comunicación en su familia o círculo social; descuidan actividades esenciales como sus tareas escolares, labores domésticas o trabajo; están permanentemente distraídos y no responden cuando se les habla o incluso cuando están comiendo están checando todo el tiempo sus dispositivos móviles.
Cambio de estado de ánimo: A medida que las personas permanecen activas en sus redes sociales, sus estados de ánimo suelen cambiar significativamente pueden experimentar satisfacción, alegría, emoción o entusiasmo, al poder seguir todo tipo de publicaciones, pero también les genera frustración, enojo o incluso desesperación y ansiedad al no obtener los resultados o datos deseados
Entre los factores de riesgo generados por la adicción a las redes sociales destacan: baja autoestima, disminución de las habilidades sociales y una tendencia al aislamiento y a la soledad, debido a la reproducción de una serie de estereotipos sobre estilos de vida.
Tecnoestrés producto de las redes sociales.
El contacto permanente con redes sociales puede provocar tecnoestrés que es el estrés psicológico negativo que surge de la sobrecarga informativa, la hiperconectividad constante, el FOMO (miedo a perderse algo), las notificaciones incesantes y los algoritmos que atrapan la atención.
Una manifestación particularmente preocupante es la cibercondría (o hipocondría digital), donde el uso compulsivo de redes sociales y búsquedas en internet lleva a creer firmemente que se padecen enfermedades graves o trastornos mentales que en realidad no existen (o son mucho más leves). Videos virales, reels y posts sobre síntomas de ansiedad, TDAH, depresión, autismo o burnout "describen exactamente lo que siento", activan un bucle de confirmación sesgada reforzado por algoritmos, lo que amplifica la ansiedad por salud, genera miedo constante y puede derivar en consultas médicas innecesarias o evitación de ayuda profesional.
El incremento de apps agravan el problema. Conforme la modernidad avanza las diferentes plataformas, incluso las de nueva creación alcanzan el millón de seguidores de forma más rápida.

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